20061007
Pöst-07
Hace casi cinco años escribía sobre las conspiraciones del 11-S en las últimas páginas del Depravados! E-diktö. Ahora, en Pöst- lo que toca es escribir sobre las películas del 11-S. Y no es sólo una cuestión coyuntural.
Hay quien apunta que el s. XXI comenzó realmente aquel 11 de septiembre, con las torres cayendo delante de medio mundo, como si se tratara de una demolición (¿controlada?) del viejo Sistema. De repente me encontré escribiendo sobre aquello que conocía como Cultura del Apocalipsis y la famosa frase de Adorno sobre escribir poesía después de Auschwitz no dejaba de venirme a la cabeza. ¿Tenía sentido ya la Cultura del Apocalipsis? A la mañana siguiente, todos los periódicos que pude comprar, nacionales y extranjeros, me dieron la respuesta: No.
Las portadas estaban llenas de mensajes apocalípticos: holocausto, guerra mundial, caos, destrucción, muerte a escala industrial. Y en las páginas interiores comenzaban a colarse teorías de la conspiración, paranoia, terror biológico y hasta interpretaciones paranormales o cabalísticas. El Apocalipsis mediatizado, globalizado y mundialmente asimilado a golpe de telerrealidad. Efectivamente, el fin de la Cultura del Apocalipisis y el comienzo de una nueva era.
Es cierto que conspiraciones sobre el 11-S hay cientos, basta con hacer un poco de Google, pero la mayoría son basura de internet, net-trash. Tienen tanto poder desestabilizador como un spam de alargamiento de pene. El terrorismo Post-11-S se reinventa y la clave es la hiper-exposición mediática. A sociedades globales, atentados globales. Una de las consecuencias es el exceso de información, información sin control, libremente manejada (y manipulada) por millones de personas. A diferencia del atentado de JFK, en esta ocasión no había una cámara Zapruder, había millones, una por cada pantalla de televisión.
Yo tengo mi propia grabación Zapruder, la que pude hacer zapeando entre la CNN, Fox, NBC, Euronews, TVE, Tele5 o A3. Saltando entre informaciones sin filtrar, rumores, testimonios precipitados e imágenes de particulares, uno puede componerse docenas de conspiraciones propias, y además con pruebas palpables. Así ocurrió. Y fue ésa saturación de datos e imágenes la que aniquiló el contenido. El medio exterminando al mensaje.
Y con las torres se derrumbó definitivamente algo que venía agrietándose desde hace años, como predijo Baudrillard, se derrumbó la realidad, lo Real. El 11-S ocurrió más y mejor en los medios que en la realidad. Incluso para los testigos físicos, los que estaban presentes en el mismo plano de realidad que los atentados, la realidad se hizo prácticamente imperceptible, inabarcable por su enorme perspectiva panorámica –más propia de una vista aérea o incluso satélite– y por su desconcertante parecido con la ficción previsionada (Independence day, Armageddon). Por eso, los que estaban delante de las torres acababan mirando a través de su cámara digital, zoom-out/zoom-in, donde todo era más asequible, más normal.
Así que en Pöst- ya no escribiremos sobre lo real, nos gusta más escribir sobre lo hiperreal, y en este caso, sobre las películas del 11-S.
Continuará...
Hay quien apunta que el s. XXI comenzó realmente aquel 11 de septiembre, con las torres cayendo delante de medio mundo, como si se tratara de una demolición (¿controlada?) del viejo Sistema. De repente me encontré escribiendo sobre aquello que conocía como Cultura del Apocalipsis y la famosa frase de Adorno sobre escribir poesía después de Auschwitz no dejaba de venirme a la cabeza. ¿Tenía sentido ya la Cultura del Apocalipsis? A la mañana siguiente, todos los periódicos que pude comprar, nacionales y extranjeros, me dieron la respuesta: No.
Las portadas estaban llenas de mensajes apocalípticos: holocausto, guerra mundial, caos, destrucción, muerte a escala industrial. Y en las páginas interiores comenzaban a colarse teorías de la conspiración, paranoia, terror biológico y hasta interpretaciones paranormales o cabalísticas. El Apocalipsis mediatizado, globalizado y mundialmente asimilado a golpe de telerrealidad. Efectivamente, el fin de la Cultura del Apocalipisis y el comienzo de una nueva era.
Es cierto que conspiraciones sobre el 11-S hay cientos, basta con hacer un poco de Google, pero la mayoría son basura de internet, net-trash. Tienen tanto poder desestabilizador como un spam de alargamiento de pene. El terrorismo Post-11-S se reinventa y la clave es la hiper-exposición mediática. A sociedades globales, atentados globales. Una de las consecuencias es el exceso de información, información sin control, libremente manejada (y manipulada) por millones de personas. A diferencia del atentado de JFK, en esta ocasión no había una cámara Zapruder, había millones, una por cada pantalla de televisión.
Yo tengo mi propia grabación Zapruder, la que pude hacer zapeando entre la CNN, Fox, NBC, Euronews, TVE, Tele5 o A3. Saltando entre informaciones sin filtrar, rumores, testimonios precipitados e imágenes de particulares, uno puede componerse docenas de conspiraciones propias, y además con pruebas palpables. Así ocurrió. Y fue ésa saturación de datos e imágenes la que aniquiló el contenido. El medio exterminando al mensaje.
Y con las torres se derrumbó definitivamente algo que venía agrietándose desde hace años, como predijo Baudrillard, se derrumbó la realidad, lo Real. El 11-S ocurrió más y mejor en los medios que en la realidad. Incluso para los testigos físicos, los que estaban presentes en el mismo plano de realidad que los atentados, la realidad se hizo prácticamente imperceptible, inabarcable por su enorme perspectiva panorámica –más propia de una vista aérea o incluso satélite– y por su desconcertante parecido con la ficción previsionada (Independence day, Armageddon). Por eso, los que estaban delante de las torres acababan mirando a través de su cámara digital, zoom-out/zoom-in, donde todo era más asequible, más normal.
Así que en Pöst- ya no escribiremos sobre lo real, nos gusta más escribir sobre lo hiperreal, y en este caso, sobre las películas del 11-S.
Continuará...
aleXz 12:14
2 Comments:
A mí me pasó con un combate de boxeo de Mike Tyson. Lo vi en directo desde la segunda fila de ring. Duró menos de 30 segundos. No conservo el recuerdo de lo que vi en vivo, sino de lo que vi después repetido por televisión. Los hechos reales sucedieron demasiado deprisa y mi punto de vista era demasiado limitado.
, at 8:58 p. m.
A mi me pasó una vez en un concierto de Marilyn Manson en el Festimad. A mi lado un tío tenía una cámara de video donde se veía de cerca la cara del Reverendo. Era mucho mejor que mirar al escenario. En ese momento, un avión comercial sobrevolaba el recinto. El tío enfocó al avión en un zoom brutal. Sentí que, de alguna manera, todo estaba conectado: el avión, nosotros, y el Reverendo. Iba un poco drogado.

